El país caribeño, que ha inmunizado a los empleados del sector, ya recibe más viajeros de Estados Unidos que en 2019

El turista en tiempos de pandemia se debate entre los destinos de siempre, con gran tirón del litoral. Las playas que se llevarán la palma serán las que se hayan aliñado con un buen chorro de seguridad sanitaria. En este nuevo escenario destaca República Dominicana. Parte de su éxito lo explica Peter, un viajero alemán ya vacunado con la pauta completa de Pfizer que lleva dos semanas disfrutando de las playas del país: “Esto es un paraíso y parece que no existe la pandemia”, asegura en su último día de vacaciones con el color de piel de quien no ha perdido el tiempo.

No hay una medida mágica por la que República Dominicana se ha convertido en una referencia de la recuperación turística de la zona del Caribe. Entre las múltiples razones, el factor que parece más determinante es la recuperación de la demanda de Estados Unidos. El país norteamericano saca varios cuerpos de ventaja al resto en el proceso de vacunación y uno de los efectos es la salida en estampida al extranjero por ocio. En el caso de República Dominicana, a finales de mayo ya tenía un 10% más de reservas de viajeros estadounidenses para julio que en las mismas fechas de 2019, antes de la covid.

Con estos ingredientes, el país caribeño se ha convertido en una especie de espejo al que todos miran (a los dos lados del Atlántico) por el repunte de la industria. La esperanza que viene y el futuro que se espera en destinos turísticos como España: conforme la inmunización avance en Europa, se recuperará uno de los pilares de la economía. La gran duda es si ese momento llegará a tiempo para salvar la campaña de verano. El sector cruza los dedos para que ocurra cuanto antes, aunque lo importante es que sea una realidad, al fin, a lo largo del año y que cierre una etapa oscura para una industria que ahora se conforma con sobrevivir.

La imagen turística en República Dominicana se confunde con lo que era habitual antes del coronavirus. En Las Terrenas, en la península de Samaná, al noreste del país, a las nueve de la mañana ya hay una decena de turistas que se tuestan al sol. Otros, mientras tanto, desayunan en el bar disponible a pie de playa del hotel Bahía Príncipe Grand El Portillo. Esta fotografía podría ser de 2019, pero no, es de mayo de 2021. Y no por ello quiere decir que las medidas de seguridad no existan, aunque se han flexibilizado para buscar el difícil equilibrio entre el control de la pandemia y el disfrute de las vacaciones. En el hotel, por ejemplo, se toma la temperatura a diario, es obligatorio el uso de mascarilla en las zonas más transitadas y el lavado de manos con gel hidroalcohólico.

En el país se ha eliminado el requisito de prueba PCR negativa —se realiza no a la entrada, sino a la salida del hotel—. Eso sí, se hacen pruebas aleatorias en los principales aeropuertos internacionales. Entre las acciones realizadas para animar el turismo, el presidente de República Dominicana, Luis Abinader, destaca una de ellas: “Todos los empleados de hotel se han vacunado para garantizar la seguridad del sector. Si avanza el turismo, avanzamos todos, porque muchas familias viven de esta actividad”, explica en un encuentro con una decena de medios de comunicación, entre ellos EL PAÍS, en un viaje organizado por el Grupo Piñero. Abinader, además, resalta que la recuperación ya no es solo una previsión, sino que es una realidad: “A final de 2021 estaremos en números similares [en llegadas y gasto] a los de antes de la crisis de la covid”.

El ministro de Turismo, David Collado, profundiza en las cifras y las pone en contexto, sobre todo por la importancia de la industria de los viajes para el país, al que aporta un 22% del PIB si se suman el impacto directo y el indirecto. “Para nosotros el turismo no es un lujo, es la lanza principal de nuestra economía. Es una buena noticia que para julio las reservas ya sean históricas, especialmente con el mercado de Estados Unidos”, asegura Collado. Según el banco estatal Banreservas, el aumento llegará al 20% para julio. “Las reservas internaciones para la zona Punta Cana-Bávaro ya superan en un 37% los datos del año anterior”, explica Samuel Pereyra, administrador general de la entidad.

Las reservas hoteleras, en los máximos permitidos

Las hoteleras comparten el optimismo. Tanto que muchas ya están con unos niveles de reservas elevados para el segundo semestre. “Ya hay hoteles que están completos y nos están pidiendo que subamos la ocupación máxima permitida, que está ahora en el 80%”, asegura el ministro de Turismo. En el primer semestre, la ocupación ha sido más baja que antes de la covid, pero se esperan meses de bonanza. La cadena Bahía Príncipe, por ejemplo, hasta junio tuvo más turistas de Estados Unidos (un 25% más) que en el mismo periodo de 2019. Un repunte que irá a más en la segunda parte del año. “Con lo vendido hasta ahora, ya se supera en un 50%”, explica Encarna Piñero, consejera delegada del Grupo Piñero. Por zonas, destaca Punta Cana, que está en los máximos de ocupación permitidos por la pandemia para este invierno.

Sophia, residente en Orlando, disfruta estos días de lo que ofrece la zona: “Ya estoy vacunada y tenía unas semanas libres, por eso me vine sin pensarlo dos veces. Y para final de año espero volver”, cuenta en uno de los resorts de la firma, propietaria de marcas como Bahía Príncipe o Soltour, en Punta Cana.

En una situación similar se encuentra en la zona la hotelera norteamericana Apple Leisure Group (ALG). En todo el Caribe, la firma registraba un crecimiento del 40,45% en las reservas entre el 14 de marzo y el 23 de mayo si se compara con las mismas fechas de 2019. En su caso, el tirón también se explica por el mercado estadounidense y la vacunación. Alejandro Reynal, consejero delegado de ALG, espera que este efecto dominó se repita en todo el mundo: “Hay una demanda contenida que ahora sale. Esperamos que ocurra lo mismo en otros destinos turísticos como España”. Esta mirada positiva es el denominador común, aunque en algunos casos las buenas noticias se hacen de rogar. Por ejemplo en Riu, donde las ocupaciones todavía están muy por debajo de 2019.

Los principales mercados emisores de República Dominicana son Estados Unidos (en 2019 llegaron más de dos millones de turistas), Canadá (casi 900.000), Francia y Rusia (más de 200.000), así como Argentina, Alemania y España (cerca de los 200.000), según el Banco Central de la República Dominicana. Y el principal punto de entrada es Punta Cana, la joya de la corona para los viajeros extranjeros. Entre los miles de turistas que llegarán en lo que resta de año está Mercedes Romera, de Dos Hermanas (Sevilla), que ha organizado su viaje para final de julio con la agencia Mundo la tienda de viajes. “Voy con mis padres, mi marido y mis dos hijos. Ya estamos vacunados, excepto los niños, y queríamos un sitio tranquilo como Samaná, donde apenas hay contagios y con los trabajadores vacunados”.

El viento sopla a favor, no cabe duda. Pese a ello, el Gobierno dominicano mantiene la cautela ante los vaivenes que pueda provocar todavía la emergencia sanitaria. Sabedores además de que este año seguirá por debajo de los niveles de 2019 y de que el ansiado sorpasso no llegará hasta 2022. Si nada se tuerce por el camino.

Desde la izquierda, David Collado, ministro de Turismo de la República Dominicana, Encarna Piñero, consejera delegada del Grupo Piñero, y Luis Abinader, presidente de la República Dominicana, el 27 de mayo en Punta Cana durante la presentación de Soltour Tralvel Partners.
Desde la izquierda, David Collado, ministro de Turismo de la República Dominicana, Encarna Piñero, consejera delegada del Grupo Piñero, y Luis Abinader, presidente de la República Dominicana, el 27 de mayo en Punta Cana durante la presentación de Soltour Tralvel Partners.

Inversiones de impulso del turismo y mejor conectividad aérea

El Gobierno de República Dominicana ha sacado adelante un paquete de ayudas al turismo, entre las que destacan la mejora de las instalaciones de las playas (10 millones de dólares, unos 8,4 millones de euros al cambio actual), medidas para combatir el sargazo con el sector privado (12 millones de dólares), regeneración de playas junto con el banco interamericano de inversiones (70 millones de dólares) y la rehabilitación de bienes de interés cultural (90 millones de dólares).

El Ejecutivo también trata de mejorar la conectividad aérea. Para ello, ha eliminado los impuestos a los vuelos internos, según avanzó el ministro Collado, para fomentar el turismo nacional. De hecho, los viajes locales han ganado peso durante la pandemia (han pasado de representar un 3% al 35% del turismo en el último año). Un alza que se explica en gran medida por el desplome de las llegadas internacionales (-68%).

Y desde el exterior, se potencian nuevas conexiones aéreas, como la que estrenará en julio Air Europa, que unirá Madrid y Samaná. Una conexión impulsada por un nuevo actor del sector de los turoperadores en España, Soltour Travel Partners —unión de Soltour, del Grupo Piñero, y Smytravel, de Logitravel—. Por separado sumaban una facturación de unos 300 millones de euros antes de la covid, cifra que pretenden elevar juntos a los 500 millones en 2023 o 2024, según explica su consejero delegado, Tomeu Bennasar.

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